La ansiedad, mi más temida aliada

Todos hemos sentido esa molesta sensación de nudo en el estómago, de percibir que el corazón se nos iba a salir del pecho o de contractura en la espalda sin cargar una sola caja. Todos hemos comido compulsivamente (ansiedad por comer), nos hemos mordido cada una de las uñas de las manos o empezado a fumar un día de estrés laboral e, incluso, nuestra cabeza se ha declarado independiente y con vida propia para llenarse de pensamientos negativos sobre nuestra capacidad de resolver una dificultad. Si te reconoces en una de estas escenas,  ¡enhorabuena!, es que has experimentado síntomas de ansiedad.

 

 

La ansiedad es una emoción básica englobada dentro de las emociones de corte negativo. Considerando, en términos generales, dos grandes grupos: las emociones positivas y las emociones negativas, podemos pensar que las de corte negativo son malas y dañinas. Ante esto, es habitual creer que debemos evitarlas, suprimirlas o tener control para no experimentarlas nunca, pero esto no es la postura más beneficiosa para nosotros. Que una emoción tenga el apellido negativo, en este caso, no significa nada malo.

 Imaginemos que no sentimos emociones negativas: enfado, culpa, ansiedad, tristeza (todas negativas). ¿Crees que sería adaptativo para la especie no tener miedo para huir del peligro?  o ¿crees que sería adecuado no ir a reclamar nuestros derechos, por no sentir enfado, tras ser engañados por comprar un artículo defectuoso? Tanto desde un punto vista biológico-evolutivo como desde un punto de vista más social, las emociones son necesarias para adaptarnos al medio. Ambas familias, emociones positivas y emociones negativas, nos aportan mucha información sobre lo que estamos viviendo y, por tanto, debemos aprender a escucharlas e identificarlas correctamente para poder actuar en consecuencia. Pero, como se suele decir, los excesos son siempre malos y, si experimentamos una sobredosis de síntomas de ansiedad o de otro tipo de emoción negativa, no seremos capaces de afrontar adecuadamente la situación. Será entonces, como navegar sin rumbo.

 El primer paso y fundamental hacia el tratamiento de la ansiedad es aceptar la importancia por igual de todas las emociones, ya sean emociones positivas o negativas. No debemos tener miedo a las últimas, pues aunque son molestas y nos desgastan tanto física como mentalmente (de ahí su mala fama), son altamente necesarias, pues nos dan información valiosa de qué está ocurriendo en nuestro entorno y así poder resolver una dificultad satisfactoriamente.

 Desde ahora te propongo que hagas el ejercicio de aliarte con la ansiedad sin temor, que la aceptes como aceptamos las imperfecciones de nuestros amigos que tanto nos dan. Déjate experimentarla para conocerla, no la bloquees y comprueba que tiene más que aportarte de lo que crees. Este es el primer paso y el más importante para ser capaz de sentir esta emoción de forma proporcionada, y para que seamos nosotros los que la manejemos, y no ella a nosotros.

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